Los olores

Cuando comienza el crepúsculo, es difícil hacer las tareas cotidianas. En parte, por que la edad manda, en parte porque comienza a ser la hora de recogerse, y dejar para mañana lo que no hemos podido hacer hoy.

Hubo un tiempo en el que una gran parte de la sociedad se movilizaba cuando comenzaba a escasear la luz del día, pero ese tiempo terminó. Ahora nuestro ritmo diario funciona entorno a los ciclos de luz, cuando se cierra la noche, tratamos de conversar con nuestras familias o amigos, reírnos, compartir… la compañía es muy grata en estos tiempos.

Hubo un tiempo en el que no percibíamos el olor nauseabundo, estaba tan inmerso en nuestra vida que no lo existía, sin embargo ahora es fácil sentirlo y generalmente está asociado a problemas.

De petróleo estaba hecho todo lo que tocábamos, hasta las fibras de nuestra ropa, el día que se convirtió en una necesidad y dejó de ser un derecho, todo cambió tan repentinamente que no nos dio tiempo a acostumbrarnos, simplemente nuestro modelo de vida dejó de existir.

Tardó tiempo, pero el olor imperceptible, se fue haciendo poco a poco evidente y entonces nos dimos cuenta de su presencia, después desapareció con las lluvias y el viento. Después de dos primaveras, el camino al trabajo estaba siempre acompañado de fragancias, solo en pocas ocasiones, volvemos a notarlo. Solo el ejército y algunas fuerzas del orden todavía utilizan ese tipo de vehículos, es la única manera que tienen de llegar con rapidez a zonas de conflicto o emergencia.

Siendo justo, vivo muy bien, pero echo de menos las comodidades de antaño, quedan en mi mente guardadas como si fueran un sueño, pero no hace tantos años de ello. Padecía insomnio, y rara era la noche que no pasaba delante de la televisión, o el ordenador, con la luz encendida. Las calles estaban iluminadas y durante toda la noche escuchabas activida.

Tengo 48 años, cuando empezó todo justo terminaba de cumplir 44, desde hacía al menos dos años le explicaba a mis amigos y familiares que comenzaba a ser el momento de prepararse para esto,… naturalmente nadie me creía, pero yo sabía que debía de comenzar a adaptarme a los cambios, pues quedaba poco tiempo.

Desde pequeño siempre pensé que el dinero se terminaría como modelo económico, imaginaba una sociedad sin intereses, donde todo el mundo aportaba su valía para el mejor desarrollo de la vida. Finalmente ese sueño se hizo realidad, o al menos, comienza a hacerse realidad, aunque han sido unos durísimos años para todos.

El olor nauseabundo era el que desprendía la ciudad, en el campo y la montaña también existía, pero no acababa de ocultar el olor de la naturaleza. El consumo de productos derivados del petróleo, desde combustibles a fertilizantes, iba formando una espesa capa invisible sobre la naturaleza, sobre nosotros mismos, lo llamaban polución, pero ahora, cuando nos acercamos a aquellos vehículos te produce mareo y malestar, algunos vomitan si están cerca mucho rato. Los conductores llevan mascarillas, ese olor no puede ser bueno, sin embargo, ya nadie se acuerda que hasta hace poco nos envolvía y era imperceptible.

Este hecho, que durante décadas pasamos por alto, ahora tiene sus consecuencias y una parte de la población, las generaciones más jóvenes, mueren pronto. A este paso, solo quedaremos ancianos y niños en una década. Cuando nosotros cesemos, la población será muy joven, esta es la esperanza de que una renovación de pensamiento nos ayude a sobrevivir, sino, desapareceremos como especie y con nosotros lo que un día se llamó civilización.

Tengo poco tiempo para escribir, en seguida llega la noche y cerramos cualquier dispositivo de uso innecesario, llega la hora de dormir, mañana hay que empezar pronto, justo cuando despunta el día

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Los primeros cambios en la vida cotidiana

Al principio todos pensaron que era el fin de la humanidad, cosas sencillas como cocinar ya no eran fáciles, máxime porque en nuestro modelo de vida la automatización de los procesos nos había acostumbrado a una sencillez que de repente ya no existía. La distribución de alimentos se rompió inmediatamente pues la cadena del frío sencillamente dejó de ser rentable.

No fue muy difícil obtener energía para cocinar, en poco tiempo se subvencionó la instalación de placas eléctricas que proveían la energía necesaria para los menesteres más necesarios, la electricidad que llegaba a nuestro hogares tuvo que ser racionada con el fin de alimentar las instalaciones indispensables para el funcionamiento de infraestructuras. Los electrodomésticos eran chatarra instalada en las casas. La nevera, es ahora una fresquera

Especialmente, la energía eléctrica se destino a las infraestructuras relacionadas con el tratamiento y la distribución de agua, Internet, transporte colectivo, procesos de producción de alimentos, hospitales y seguridad. El resto de servicios quedó apagado.

El individualismo que llevó a la población a esta situación generó muchos problemas en todas las comunidades, fueron meses de enfrentamientos por el uso de la energía, la comida, el transporte,… pero a diferencia de otras épocas, pronto cesaron.

La energía era un bien escaso, no era costosa, pero para producir energía se necesitaba consumir energía, por lo que se valoraba a conciencia dónde invertirla y por qué.

Los dispositivos con un bajo consumo, seguían funcionando. Eso ayudó a todos a mantenerse alegres, la música seguía sonando, las emisoras de radio fueron la forma de mantenernos unidos e informados, pero las televisiones se apagaron. Sus instalaciones, equipos, medios de transmisión… todo quedó precintado y a resguardo a la espera de que un día se encuentre un modelo energético que permita su funcionamiento. Los políticos pensaban que era su futuro, pero ellos desaparecieron poco después, sin embargo, todos convenimos que esas instalaciones y esa tecnología podría ser útil en el futuro, se decidió preservarla y protegerla.

Internet, asociado a dispositivos de bajo consumo sufrió una fuerte transformación, pero el bajo coste de mantenimiento de las infraestructuras y la necesidad de comunicación hicieron que se expandiera de una forma que nuca hubiéramos imaginado.

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